Tibio sepulcro embriagado de nada, carnicería del Edén. Dos horas para arribar. Fragua maldita, atroz. Todavía te temo, tierra de nubes de fuego y Urano infinito −Urano implacable−. Tierra en donde Ícaro nunca podría alzar el vuelo: el aullido de su piel ante la cera mortuoria, lamiéndolo cual amante, se habría colado por la casa de Asterión incluso antes del elevar. Tierra de la faz sonriente, todavía te aborrezco. A tus aceras ardiendo bajo la algarabía de autómatas –voces de un futuro que preferiría abortar. A tu estridencia ridícula. Banal. Tierra de mis mitos, mis carencias, mis derroches. Tierra de yo en ti, que era otra por naturaleza. A tu garganta no quiero volver. Pero me esperas, y contigo un pecho materno, un ladrido y un sofá.
Entradas
Desayuno con Roraima
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Entrevista a Roraima Cadenas, 4 años, estudiante de primer nivel de preescolar. “El rojo es ruido. Es la sangre de la muerte” −Rora, un viernes cualquiera de mayo, acerca de mi pintura de uñas. P: Roraima, ¿qué es el amor? R: Brillo. Y la muerte. Muerte es la sangre con las puyas de matar al amor. P: ¿Qué es la felicidad? R: Nieve de Santa Claus. P: ¿Qué es la vida? R: Salvas de caballos de príncipes a princesas. ¿Y… qué más? La bruja hace algo. Y ahora ella hace… mata al corazón, por eso su corazón está roto. P: Muy bien. Ahora dime, ¿tú crees que los niños y las niñas son iguales? R: No, porque ellas (señalando a todas las princesas en un dibujo) son diferentes entre ellas. Ella es Cenicienta, la que se murió. Y entonces Aurora le va a dar un beso y se van a casar las dos. P: ¿Y van a ser felices? R: Sí. Las dos. P: ¿Qué opinas de los gatos? R: Son piratas que rasguñan. Si ella se mete le cortan la cabeza, y después los pies, chiquichiqui, y las ma...